Breve historia del cartel en Cuba: Los años 50

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Carteles publicitarios
Carteles publicitarios

Ivón Muñoz Fernández

En la década de 1950, Cuba vivió un notable desarrollo publicitario, impulsado por la influencia global de la posguerra y las estrechas relaciones con Estados Unidos. La publicidad se convirtió en un vehículo clave para promover no solo productos, sino también estilos de vida asociados a la modernidad y el confort estadounidense. Sin embargo, productos autóctonos como el ron, el tabaco y el café, símbolos de la identidad cubana, también jugaron un papel fundamental en el dinamismo del sector.

Profesionalización y tradición publicitaria

En 1954, se fundó la Escuela Profesional de Publicidad, un hito que reflejó la madurez y profesionalización del sector. Cuba contaba con una rica tradición en diseño de envases y etiquetas, especialmente en industrias como la de habanos, cigarrillos, rones y cervezas. Estos productos no solo eran bienes comerciales, sino también expresiones culturales. Los habanos, por ejemplo, destacaban por sus diseños que exaltaban el paisaje y la cultura criolla, fig 1.

Carteles publicitarios de diferentes cervezas cubanas, años 50
Fig. 1. Carteles publicitarios de diferentes cervezas cubanas, años 50

Para 1950, la publicidad cubana ya se encontraba a la vanguardia en América Latina, con publicistas que combinaban creatividad y técnicas innovadoras. La calidad de los comerciales y slogans de la época fue tan impactante que muchos siguen siendo recordados décadas después. Incluso promotores de televisión estadounidenses viajaban a Cuba para aprender de las estrategias locales.

Crecimiento de la industria publicitaria

Hacia finales de 1958, la industria publicitaria en Cuba contaba con alrededor de 200 agencias, un presupuesto estimado de 200 millones de pesos y empleaba a casi 3,000 trabajadores. Organizaciones como la Asociación de Comerciantes de Cuba (ACC), la Asociación de Agencias de Anuncios (AAA) y la Asociación Nacional de Profesionales Publicitarios respaldaban el sector. Además, desde 1946 funcionaba una escuela de publicidad que otorgaba el título de Profesional Publicitario.

Diseño gráfico y carteles publicitarios

En el ámbito gráfico, los carteles publicitarios reflejaban una clara distinción entre audiencias. Los carteles para eventos populares, como las matinées en los Jardines de la Polar y la Tropical o el Carnaval de La Habana, se caracterizaban por diseños coloridos y vibrantes dirigidos a un público de menores recursos. En contraste, los carteles para espectáculos de élite, como los del cabaret Tropicana o teatros, adoptaban un estilo más refinado y sofisticado, fig. 2.

Fig.2. Carteles publicitarios de la época

En el cine, los displays publicitarios cobraron protagonismo. Estas grandes piezas, pintadas y caladas a mano, cubrían las fachadas de los cines para atraer al público. Junto con los carteles serigráficos, demostraban la creatividad y el ingenio de los diseñadores cubanos.

Figuras destacadas y agencias líderes

Entre los publicistas y diseñadores más influyentes de la época destacan nombres como Raúl Martínez González (1927-1995), Rafael Morante Boyerizo (1931-2022) y José Ignacio Bermúdez (1922- 1988 o 1998), este último ganador del premio al cartel del Carnaval de La Habana en 1950; quienes abogaban por la integración del arte en la gráfica publicitaria.

Agencias como Guastella, Siboney, Mestre-Conill, OTPLA y McCann-Erickson, junto con departamentos de publicidad de empresas como Crusellas y Sabatés, lideraron el mercado. En cuanto a técnicas de impresión, además del offset y la serigrafía tradicional, se introdujo el fotoscreen, que permitió mayor calidad y tiradas más grandes.

Limitaciones y contrastes

A pesar de los avances técnicos y creativos, los carteles publicitarios no siempre destacaron por su valor artístico. Muchos respondían a intereses comerciales o políticos, y los pasquines perdieron relevancia tras el golpe de Estado de 1952, al suspenderse las campañas electorales. Aunque en 1958 se intentó revivir su uso con una falsa elección, no alcanzaron el impacto de épocas anteriores.

En contraste, las consignas revolucionarias como «¡Abajo Batista!», «Viva el 26 de julio» y «Muera la tiranía«, pintadas en muros por estudiantes universitarios y de otros sectores participantes en la lucha revolucionaria contra la dictadura y por la eliminación de la oprobiosa situación existente en el país, que demandaban la realización de profundas transformaciones sociales. Estas consignas, reflejaban el espíritu de lucha y resistencia que caracterizó a Cuba en los años 50.