Samuel Feijóo, el poeta de la naturaleza cubana.

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Autor: Pedro Ramón Pérez Bretos.

Sus inicios:

Según Virgilio López Lemus en su «Cronología de Samuel Feijóo» en «Samuel o la abeja», de Editorial Academia, La Habana, 1994 (Todas las cronologías siguientes se enumerarán según este autor..) No está tomado textualmente, solo aparecen los datos que se consideraron de mayor interés para esta argumentación.

«En la antología La poesía cubana en 1936, en la que intervino Juan Ramón Jiménez —auxiliado por varios intelectuales cubanos— a raíz de su visita a Cuba, aparecen varios poemas de Feijóo. A partir de ella ha figurado en los más importantes repertorios líricos cubanos.»(1)

En su artículo «La labor editorial de Samuel Feijóo en la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas (1958-1968)», ( La década editorial de Samuel Feijóo.) en el # 45 de la revista Islas, María del Carmen Rodríguez Fernández expone:

«Los antecedentes más lejanos los podemos situar en sus años juveniles, cuando realiza labor periodística y publica sus primeros trabajos en diarios de la capital, especialmente en La Voz.De entonces datan sus cuentos folklóricos en la revista Billiken, su trabajo en el diario Juventud Nacionalista, sus colaboraciones con la revista Bohemia, la fundación de su revista Ateje, de efímera existencia, y otras empresas como la publicación de su primer poemario, Camarada celeste, o su colaboración en la revista Orígenes.».

(Samuel Feijóo, el escritor. “La obra mantiene la existencia” )

Según Neskitet Domínguez Pérez en su artículo «Samuel Feijóo» en Claustrofobias del 12 de noviembre del 2020:

Alrededor de 1930 comenzó a escribir sus primeros libros de poesía y narrativa, los cuales no publicaría hasta varios años más tarde.

Algunos de sus muchos poemarios.

En 1940 Escribe «Camarada celeste (Diálogo con Eros)», publicada en 1944.(2)

En 1940 inicia la escritura de «Beth-el» que publica en 1949 (3)

En 1946 inician la escritura de Carta de otoño y La hoja del poeta, impresos en 1957 en los Talleres Tipográficos de la Sociedad Colombista Panamericana.(4)

En 1959 publica “Himno a la alusión del Tiempo”, Islas, 2(4): 32, Santa Clara, septiembre-diciembre. (5)

Uno de sus últimos poemas: “El pan del bobo, Epigramas y Letrillas y La macana en flor”(6), lo publica en Signos, 14(28): 148-149, La Habana, enero-junio, 1982.

Valoraciones críticas:

Cintio Vitier ( escritor y crítico literario cubano), en el prólogo a la Reedición de Letras Cubanas, Ciudad de La Habana, 1984, pp. 41-56, escribió:

«[…] es uno de esos raros libros en que la obra de un poeta se detiene, suspendida en el éxtasis de sus propias esencias».

Y en 1958, Vitier en su Libro «Lo cubano en la poesía» profundiza su análisis:

Camarada celeste es (¿quién podía saberlo cuando se publicó) el único antecedente que en nuestra lengua conocemos de Dios deseado y deseante (1949), de Juan Ramón Jiménez. Del seno del paisaje surge otro yo, otra voz, el «señor del amor», Eros, el amor mismo, con quien el yo del poeta entra en diálogo de conocimien­to misterioso, de delicia y espanto –porque tú tiemblas, tú gimes en la mañana, tú eres de espanto también!

Yo te beso la boca, vida; cielos, yo os arranco.
¡Quiero vivir!
(¡Garganta mía, tierra mía!)
Lluvia, goteando
en un día callado.
Solía temblar la nostalgia
en los árboles verdes, y la noche cantaba
en su fría lluvia.
Madre, tú en esta noche,
me acariciabas como un niño.
Ay madre, no sabía nada.

Hay deleite, y hay lucha de re-conocimiento, agonía, espera, indecisión: el Dios ¿está adentro o afuera? 

Somos ramas que tiemblan

apretando el verde, el ala que huye, la lluvia del vanado cielo

y la tierna música del viento.

Tememos;

el lucero atraviesa con un puente de oro la noche,

y su agua antigua, rumorosa,

donde juegan errantes lenguas desconocidas,

canta en la orilla.

Tenue amor nos atraviesa

y el lamer del mar nocturno en la costa solitaria, inmenso y negro.

La poesía quiebra al pecho, nos recuerda

la frente ardida

y el verde escondido, verde en la boca, en los ojos;

un solo verde clavado sobre nuestros ojos.

Donde puede verse su identificación con a naturaleza vegetal que lo circunda.

Y al analizar el poema Beth-el expone:

En Beth-el (1949)(3) lo retoma en grande. Ahora el Dios de la niñez, las lecturas bíblicas, van a dar un fruto orgánico. «El sueño del perseguido Jacob, exhausto, durmiendo con una piedra por cabecera, piedra llamada[«Casa de Dios» (Beth-el)], impresionó sobremanera mi infancia, lectora de la rara leyenda bíblica», dice el poeta.La gestación de este largo poema implicó casi una década, desde 1940 hasta 1948, según refiriera el propio Feijóo en el prólogo. El poema estuvo entre los cien excogitados por José Lezama Lima en una selección de las 100 mejores piezas líricas de nuestra tradición nacional y ha sido recogido en diversas antologías. Sin embargo el propio Lezama planteó que seleccionaba solo fragmentos de la larga composición, sin especificar cuáles, ello porque el vuelo lírico no siempre es sostenido en la concatenación de los versos.

En este precioso poemario se identifica más aun con ese paisaje cubano y expresa su lirismo en la unión de su alma con la vegetación; por ello Vitier expresa el criterio de que::

Los primeros versos expresan este sentido de lo visual, en el que además confluyen otros sentidos para conformar un estado sensorial quizás alusivo a toda la vida del poeta en relación a la naturaleza, el deslumbramiento de su primer contacto con el ser vivo que es el mundo, su vida pletórica del fluir de lo natural, su muerte e incluso el después, porque su ser continúa vivo en la vida del planeta:

“Para los ojos cae esa morada lluvia
callada por los campos de la luz en juego.
Su anuncio en el ramaje
mueve infancia suprema, suelta
junto al candor del árbol. Ya
sobre las yerbas el azul su fuente
de cielo libremente confunde. Por la brisa
un iris lento dora flor antigua.
¿A qué me lleva esa amigable escala
de apacible terneza, larga de misterios?
Quiere reposar allí mi alma
y ser el soplo errante de la espiga.”

En su certero análisis Vitier destaca como su lírica se expresaba con la mística de su su nacimiento

La alusión a la infancia y el tratamiento de la luz aluden quizás a una mística del nacimiento o del primer encuentro con lo natural, en el que la criatura se empapa en toda su sensibilidad de la magna creación que lo circunda y penetra. Aunque las referencias cromáticas son múltiples, el morado, el violeta, el lila, como gradaciones, tienen un plano de significación que apunta hacia esta mística de los sentidos:

“Mueve mis ojos un color antiguo
que los teje y respira levemente.
No duerma en esta hora sobre el candor del valle.
Envuelto y tierno soy, profundo tiempo.
Un alma madurada por la ausencia
arranca su racimo y como.”

Lo iniciático está presente a lo largo del cuerpo del texto, quizás por ello atrajo la atención de Lezama por sobre otros textos solo naturalistas, pero aquí está incorporada otra dimensión del ser en su plenitud de comunión con lo natural y lo divino. Sin embargo, no constituye un transcurrir lineal desde la vida a la muerte sino un complejo entramado en que ambas confluyen con mansedumbre:

“Bajo esta luz de muerte
más soy que mi delicia, que mi canto.
Es el huir de la semilla a lo oscuro
para trabajar su diamante de viento”

Los ojos sumergidos en el paisaje, recuerda la imagen de “los ojos caídos en un pozo de nieblas”, de Eugenio Florit, pues existe algún parentesco entre este y la obra de Feijóo, más allá de estas coincidencias, este poemario de Feijóo constituye uno de los textos más logrados de nuestra tradición lírica, pletórico además de alusiones y referencias que connotan una universo cultural que tiene amplia cabida en el ámbito de lo natural, a cuya relación con lo humano tiende toda la obra poética de Samuel Feijóo.

(El alma del paisaje cubano pintado por Samuel Feijóo.)

Ratificó sus valoraciones sobre el poeta en una entrevista concedida a Luis Machado Oedetx, publicada en la revista ISLAS, 42(125):13-17; julio-septiembre, 2000 donde expresó:

Sin duda alguna. Samuel sustentaba la poética de la naturaleza, que a su juicio no era antológica, y por tanto, su obra no tenía por qué serlo. Esto quizás confundido a algunos ante el exceso de su producción. Pero el autor de Beth-el, Faz, Himno a la alusión del tiempo, Violas, Diario abierto, La alcancía del artesano, La hoja del poeta, Versículos, El harapo al sol, tal como lo presenté en mi selección de 1984, además de extraordinario cuentero, narrador, investigador de nuestro folklore campesino, pintor y dibujante excepcional, es uno de los líricos más altos que hemos tenido desde Heredia a nuestros días.

Leonardo Padura (periodista y novelista cubano), en su sección La esquina de Padura, el 11 de marzo del 2014 de Inter Press Service en Cuba escribió sobre Feijóo:

«Samuel Feijóo, caminante montés»

«Llegué a la poesía de Feijóo hacia 1977, durante mis días universitarios, cuando un joven poeta y estudiante de dramaturgia, Amado del Pino, me recomendó El girasol sediento. Poco después, pude hallar en la librería Cuba Científica un ejemplar de hojas ya amarillas y cubierta medio despegada, que me acompañó durante un tiempo, pues fui saboreando su contenido a sorbos. La obra llegó a ganar de tal modo mi atención, que todavía hoy, varias décadas después, puedo recordar las circunstancias en que la leí, el placer que me produjo y conservo, casi intacto, aquel ejemplar en mi biblioteca.

El volumen había visto la luz en 1963, aunque uno de sus cuadernillos “Camarada celeste” había sido publicado de manera independiente en 1944 y los restantes aparecieron con ciertas variaciones en el Libro de apuntes (1954). Se trataba de los prolegómenos de su creación poética, cuyo momento mayor se haría público en 1964, cuando la propia editorial universitaria imprimiera Ser fiel, conjunto que incluye sus dos textos mayores: los extensos poemas “Beth-el” y “Faz.”

Sin embargo, quien conociera al autor podría darse cuenta de que su obra se producía por acumulación, por proliferación agreste y que era común para él sacar a la luz sus apuntes y tanteos, como quien ofrece un itinerario de vida y rara veces escatimaba al lector los altibajos de su quehacer. El producir una poesía reducida en volumen, muy castigada en lo formal y en la que se discriminara todo balbuceo hubiera parecido al escritor una falta de honestidad.

En 1957, en Lo cubano en la poesía, Cintio Vitier intentó un paralelo peligroso: si Lezama es para él “un poeta esencialmente ligado a la historia”, “Feijóo pertenece por entero a la naturaleza”. Confieso que tal dicotomía me parece forzada. Es cierto que en la escritura lírica feijosiana la historia no aparece de manera explícita como en la del autor de Dador, ni se vive como reflexión teleológica, ni como imaginería erudita, sino como lucidez de lo cotidiano, búsqueda de las mejores esencias y entrega amorosa a una labor intelectual que nunca se desliga de la savia más popular. Pocos intelectuales del siglo XX cubano estuvieron tan al tanto de sus reales obligaciones históricas como Samuel Feijóo, sin estridencias ni oportunismos, y con una libertad personal y una honestidad indoblegables.

Estudiar con justicia y sensibilidad la obra de este creador, echar a un lado esa imagen zafia que alguna vez él empleó para defenderse de intrigantes y arribistas; entrar en sus frondas para mostrar los frutos más logrados, es un deber para los investigadores actuales. Lo anecdótico debe ceder ante el hecho literario y artístico. Solo entonces comenzaremos a conocerlo realmente. (2014).»

El poeta Alpidio Alonso, en su artículo sobre la obra de Feijóo publicado en el número 62 de la revista Signos, el 26 de mayo del 2011

expresó:

En la poesía (y en la obra toda) de Samuel Feijóo asistimos siempre a un «paisaje habitado», humanizado en las visiones desdibujadas e intensamente
humanas de este gran poeta que, a la par, habría de ser durante su vida andariega un sensible y acucioso «pensador silvestre».

En ese sentido, ningún otro poeta cubano me resulta tan cercano al José Martí desvelado en la intemperie misteriosa de su campamento en la manigua
insurrecta por «la noche bella, [que] no deja dormir», 2 a ese mismo soldado mambí que en una línea de su diario (en cuyas contadas sílabas: 5-7-5, he querido ver la miniatura maravillada de un haiku) anotó apresurado: «de un curujey, prendido a un jobo, bebo el agua clara».3 O aquello otro, más conocido, e igualmente repartido en 17 sorprendentes sonidos: «Lola, jolongo, llorando en el balcón. Nos embarcamos».

y concluye:

“Impresión similar me producen aquellos versos de sus últimos libros en los que, acaso como en ninguno de los anteriores, se advierte (como muy atinadamente observara Cintio Vitier) ese «hambre» suya por las criaturas con que ha decidido quedarse: «sus pájaros, mariposas, abejas, cocuyos, monos, burros, vacas, chivos, lagartijas […] niños, ancianos, campesinos, gentes buenas, héroes sencillos», donde, tal como en su monumental poema «Faz», encontramos —y en esto coincido igualmente con Cintio”— «el mayor testimonio que tenemos del amor de un poeta cubano, después de Martí, a los pobres de su patria».

Samuel Feijóo está sin dudas entre los poetas mas grandes del Siglo XX cubano.

Bibliografía:

12 noviembre, 2020 Clustrofobias. Naskicet Domínguez Pérez.

Ciclo Poético de Samuel Feijóo, ISLAS, Número 56(175): 9-17; enero-abril

Cintio Vitier | Cubaliteraria | 01 de Abril del 2024.

ISLAS, 42(125):13-17; julio-septiembre, 2000

Signos Número 62; julio-diciembre de 2011.

ISLAS, Número 45; enero-marzo del 2003.

La esquina de Padura, » Caminante montés» el 11 de marzo del 2014 de Inter Press Service en Cuba.